Las tres asignaturas pendientes de Medellín

Dentro del capítulo ‘sucedió en el 68’, aunque pasado mayo, el Episcopado Latinoamericano (CELAM) realizó un auténtico esfuerzo en aprovechar al máximo las líneas conciliares. Fue en su 2ª Conferencia General –la primera había sido en Río de Janeiro (Brasil) en 1955– que se desarrolló en la ciudad de Medellín (Colombia) entre el 26 de agosto y el 8 de septiembre y el título de convocatoria era inequívoco: “La Iglesia en la actual transformación de América Latina a la luz del Concilio Vaticano II”. Una América Latina que veía florecer las dictaduras impuestas mediante golpes militares y tremendamente dependiente del intervencionismo estadounidense.

Convocada por Pablo VI –que la inauguró siendo la primera visita papal a América Latina–, se organizó en torno a la “promoción humana”, la “evangelización y el crecimiento de la fe” y “la Iglesia y sus estructuras”. Agrupados en torno a estos tres temas se formaron 16 grupos de trabajo con sus respectivos documentos.

A punto de celebrarse un congreso del 23 al 26 de agosto en la misma ciudad y en el mismo lugar, al entonces recién construido Seminario Mayor, que “busca reconocer con gratitud la aplicación de Medellín en nuestras iglesias particulares, profundizar en algunos de los temas fundamentales, examinar nuevos signos de los tiempos de hoy y proyectar una acción evangelizadora” actualizada. Vida Nueva repasa las 3 asignaturas pendientes de la Iglesia en la actual transformación de América Latina y el Caribe a partir de “las grandes intuiciones teológicas y pastorales de Medellín”.

1. Iglesia pobre, para los pobres
Unas de las palabras de Bergoglio como Papa fueron aquellas de “¡Cómo quisiera una Iglesia pobre y para los pobres!”, aliñadas con el saludo del cardenal brasileño Cláudio Hummes tras su elección cuando le dijo “No te olvides de los pobres”. En Medellín las ponencias y conclusiones recogen los esfuerzos de la Iglesia por llegar a los márgenes a través de una vivencia más radical de la pobreza y situándose en lugares de cercanía física con los más necesitados.

La justicia, la paz, el problema familiar y demográfico, la educación y la juventud son problemas universales. “No podemos ignorar el fenómeno de esta casi universal frustración de legítimas aspiraciones que crea el clima de angustia colectiva que ya estamos viviendo” dice el documento que condena la miseria a la que han condenado a la población tanto el sistema liberal capitalista como el marxismo. Estructuras económicas que no has respondido a las ansias de dignidad y justicia de las personas y que tampoco han procurado la paz en el continente generando tensiones sociales y nuevas formas de colonialismo. Medellín habla de la pobreza, analfabetismo, exclusión política, represión… como “violencia institucionalizada”.

En un nuevo contexto social, con brotes de populismos de nuevo cuño y de dictaduras encubiertas con modificaciones constitucionales a medida, el mensaje de Medellín es intenso, actualizando el contexto. Venezuela, Nicaragua, la Cuba de los Castro, el nuevo chavismo que parece haber llegado a México… son situaciones sangrantes, a pesar de los esfuerzos y procesos que determinadas naciones han hecho por la paz y la reconciliación.

2. Una pastoral que llegue a todos
Medellín repasó desde la evangelización de las élites a la piedad popular desarrollada en el Nuevo Continente. Consciente de que estar en un continente de mayoría católica, el Concilio removió los fundamentos de la misión para pasar de una “pastoral de conservación” a una Iglesia misionera a partir de la rica herencia que supone, por ejemplo, la piedad popular o el sustrato de una serie de “virtudes auténticamente cristianas”.

Ahora bien, el evangelio es lo que debe impregnar la vivencia sencilla y popular de la fe, frente a otras tentaciones y sincretismos. La multiplicación de sectas, grupos protestantes o tradiciones de corte animista… antes que una tentación deben ser, aún hoy, una oportunidad para desarrollar una fe enraizada en los valores puramente evangélicos.

Capilla del Seminario Mayor de Medellín (Colombia), lugar de la Conferencia general y del congreso de este año.

3. Las estructuras de la Iglesia
Dentro de esta propuesta para todos, Medellín desarrolla la unidad esencial en la diversidad de estructuras. Algo que encuentra su ejemplo más significativo en las “comunidades cristianas de base”. La conferencia reorienta estos grupos señalando que los miembros de estas comunidades, “viviendo conforme a la vocación a que han sido llamados, ejerciten las funciones que Dios les ha confiado, sacerdotal, profética y real”, y hagan así de su comunidad “un signo de la presencia de Dios en el mundo” –frente a otras tentaciones personalistas–.

Detrás de este impulso al modelo eclesial de las comunidades de base está la apuesta por el laicado –aunque la presencia real de laicos o mujeres en la conferencia brilló por su ausencia– y por formas más vivenciales de vivir la fe, la liturgia, el compromiso cristiano y las propias estructuras endémicas de la sociedades latinoamericanas. Este espaldarazo, más allá de los sacerdotes que de las filas de la Teología de la Liberación se pasaron a la lucha armada, se vio reforzado con las homilías y las decisiones de obispos como el propio Óscar Romero en El Salvador, Hélder Cámara en Brasil, Enrique Angelelli en Argentina, Sergio Méndez Arceo en México o Leonidas Proaño en Ecuador, por citar solo algunos…

Sin embargo, a punto de conocer las conclusiones de la reforma de la Curia romana, el protagonismo del laicado aún espera un puesto más estratégico en la estructura visible de la Iglesia. Algo que se aplica desde la base, en las presencias locales como en los organismos que trascienden los ámbitos territoriales.

(Tomado de: vidanuevadigital.com)

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