La historia aún no contada de Benita: vocación, violencia y esperanza (Guatemala)

PEQUEÑAS HISTORIAS DE GRANDES MUJERES

Hna. Benita: vocación, violencia y esperanza  Esta es el testimonio de la hermana Benita, de las hermanas Misioneras Dominicas, una catequista indígena que aprendió a leer a los 23 años, decidida a seguir apoyando a las mujeres y entregarse para siempre al servicio de los demás como religiosa dominica. Ella vivió en carne propia la guerra interna de los 80; junto a su familia y otros catequistas fue acusada de guerrillera, presenció masacres y secuestros de catequistas, torturados, quemados…

Guatemala

La historia aún no contada de nuestra hermana Benita:                  vocación, violencia y esperanza

Esta es el testimonio de la hermana Benita, de las hermanas Misioneras Dominicas, una catequista indígena que aprendió a leer a los 23 años, decidida a seguir apoyando a las mujeres y entregarse para siempre al servicio de los demás como religiosa dominica. Ella vivió en carne propia la guerra interna de los 80; junto a su familia y otros catequistas fue acusada de guerrillera, presenció masacres y secuestros de catequistas, torturados, quemados…

Mi nombre es Benita, soy de San Miguel Chica- baja vera cruz- Guatemala. En mi pueblo se inició mi vocación. Trabajaba con los Padres Dominicos- a 9 kilómetros de mi pueblo, atendían al municipio. Trabajando como catequista iba con los Padres de traductora del Chic, es mi idioma. Iba a las aldeas, fui conociendo con el dominico Carlos Bergante, español. Tomó confianza conmigo y con el grupo juvenil. Nos preparaba como catequista para dar taller a otros catequistas. En mi pueblo trabajé con mujeres y el Padre Carlos nos coordinaba.

 También coordinaba la ayuda de Caritas con mi compañera Marieta que ya murió, ya descansa; ella era ladina (guatemaltecos no indígenas) y nos llevábamos bien, porque entre ladinos e indígenas generalmente no nos llevamos bien, pero muchos sí. Así fue con Marieta.

Aprendí a coser, un día le dije al Padre cómo se hace para ser como las madres (religiosas, hermanas), porque llegaba una de ellas a mi pueblo. Me dijo es fácil si tu ya estas haciendo parte de lo que hacen ellas.

Yo estaba estudiando primaria porque de niña solo llegué a cuarto de primaria. Aquí son 6 años. Me nació eso con el trabajo con la mujer, podría seguir estudiando para ayudar. Queríamos hacer una solicitud y ninguna sabía escribir- yo elegí: puedo aprender a escribir, sabía leer pero escribir ya lo había olvidado.

Hablando con Marieta decidimos hablar con su hermana que, junto a su esposo eran maestros en mi pueblo. Tratamos de conectarnos para que me diera "clases en su casa". Coordinamos y pude estudiar en la casa de la hermana de Marieta y tomaron en cuenta mi nombre como si asistiera a la escuela como alumna.

Fui dos años, de 8 a 10 de la noche, a veces nos dormíamos sobre la mesa por el cansancio del día. Mi familia es campesina y los productos del campo vendíamos en el mercado. Dejaba el mercado cuando íbamos a las aldeas de Carlos.

Yo sabía que iba a estudiar porque sentía necesidades de hacerlo. Mis papas me apoyaban y me iban a buscar. A veces me buscaba mi hermano Fidelso que esta desaparecido, otras veces con Felipa volvíamos solas, rezando.

Cuando termine el 6º, me dijo Carlos ¿qué vas a hacer ahora? Básico, hay a 9 kms de mi pueblo. No me gustaba estudiar en el Instituto de mi pueblo, porque era mayor para estar con los jóvenes de 15 años. Yo tenía 23 años. Habla con tus padres dijo Carlos, y si te dejan, vamos a buscar un internado.

"Si te sientes que puedes ve, sí".

Hablé con mis papás y me dijeron: "si te sientes que puedes ve, sí". Mi papá quedo contento, siempre nos animó a mí y a mis hermanos. Fuimos seis mujeres y cuatro hombres. Mi mamá no estaba muy de acuerdo. Le comuniqué a Carlos y me pidió una beca.

En el año 80 empecé primero básico con las hermanas dominicanas de la Anunciata. Carlos le había comentado a las hermanas, y tomaron en cuenta que era catequista, que sabía leer las lecturas en las ciudades.

Las hermanas me dieron un grupo de niños y me pidieron servicio de que hiciera las compras en las tiendas.

Cuando vino la guerra, la muerte de los padres del Sagrado Corazón, y mucha masacres había, mucho movimiento, las internas escuchábamos a las hermanas que entraban y salían.

Llegó un momento que las hermanas desaparecieron. Habían decidido salir todos los agentes de pastoral. Nos quedamos como desamparadas. Llorábamos. Quedaron los profesores al frente del internado y nos orientaron: "nosotros estamos con ustedes, deben volver con sus papás a sus casas porque aquí no podemos estar. Cerraron el internado y cada uno volvió a su casa. Nos dijeron que el curso estaba aprobado.

Volví a casa asustada, con gran incertidumbre. Ya se escuchaba en mi pueblo matanza, guerrillas, el ejército, volaban puentes, había apagones.

Así terminé el año y el Padre Carlos- que era el único que llegaba a mi pueblo-me preguntó qué iba a hacer y respondí "no sé". "Sí quieres puedes ir y puedes colaborar en los oficios de la casa", me dijo.

El padre Carlos había hablado con las hermanas de que yo tenía deseos de ingresar a la vida religiosa. Me tomaron en cuenta y me invitaban para las convivencias.

"Ustedes son los que están metiendo malos pensamientos en las ciudades de las aldeas"

Así me conecté con las Misioneras Dominicanas y estando allí participaba en el estudio básico y en convivencia como aspirante. Al mismo tiempo iba a mi pueblo y estaba al frente de la situación, que hervía.

Nos acusaron a mí y a mi familia de que éramos guerrilleros, que estábamos instruyendo a la gente de las aldeas con malos pensamientos. Así nos llamaron un día. Mi hermano Fidencio trabajo en la parroquia y nos llamaron a mí, a mi papá y a otros catequistas, personas que trabajan en la salud, "promotores de salud"-.

Yo tenía mucho miedo porque violaban a las mujeres, las torturaban. La hermana María Cruz nos acompañó a Marieta y a mí a presentarnos ante el ejército. Yo tenía miedo de que irme sola. Fuimos juntas; estábamos allí como 27 personas frente a la municipalidad de mi pueblo.

Estábamos custodiados de militares y llegó el comando con el jefe de los militares. Se plantearon allí y saco la lista de su bolsillo y empezó así: "miren ustedes están aquí, los hemos llamado para que sepan que aquí están sus nombres. Ustedes son los que están metiendo malos pensamientos en las ciudades de las aldeas. Así es el mensaje que ha llegado y esto es un aviso, así que señores tengan cuidado".

Estábamos temblando. Estaba mi papá, mi hermano Fidencio y todos los demás conocidos de mi pueblo.Yo volví y comentamos con las hermanas. Era el año 81, en una feria de mi pueblo se presentaron los militares- en septiembre- acusaron a mi pueblo de que todos éramos guerrilleros.

"Padre Antonio están matando a la gente"

El Ejército se vistió de guerrillero. Yo presencié esa masacre porque andaba con el Padre Antonio Urribia dominico español que vive en El Salvador, el estaba atendiendo la novena de San Miguel Arcángel.

Iba todas las tardes a celebrar la misa y me dijo: tu pueblo esta en fiesta, "quieres venir conmigo". Yo le dije a la encargada Mari Cruz y me permitió ir.

Encontramos mi pueblo- a la entrada – rodeado de militares y cuando entramos dijo el padre Antonio, aquí esta pasando algo y le pidieron el documento pero no se los dio "¿qué no me conocen?"

Mientras un conocido mío me dijo que estaban matando. "Padre Antonio están matando a la gente. Yo tengo que ayudar a la gente; tengo que celebrar la Misa; no podemos pasar", le dije y me hizo caso; regresamos y entramos en la casa de una catequista; la gente estaba escondida en las casas, metidos de bajo de las camas; Padre Antonio le van a quemar el carro; quédate Benita- me dijo- aquí estas segura; y les respondí "no padre usted no se va solo".

Los militares le pasaron y le dijeron porque regresaba tan pronto y él les grito, como español que es: "ustedes están matando a la gente", y agarró el auto y se fue.

De milagro que no nos hicieron nada, había 17 muertos en mi pueblo. Eso todavía no esta escrito,- en San Miguel ha habido masacre y secuestros de catequistas, torturados, quemados.

Un día de feria yo no estaba tranquila, voy a ir a ver, de repente hay algún familiar mío. Fui a ver y estaban todos heridos y un conocido me dijo, si tú estas hoy no salgas. Gracias a Dios tú no viste lo que pasó ayer, pero él no sabía que yo había presenciado todo y mi pueblo era un comentario nada de fiestas.

Los padres comerciantes volvían con su maleta, todo se dispersó. Mi hermana que vendía en el mercado dejó toda su venta. Fueron a ver al día siguiente y no había nada. Ella, con uno de mis sobrinas- solas- se despidieron, se metieron en una tienda, pero fue terrible. Mi hermano Fidencio se liberó porque estaba tomado y llegó a la casa de su madrina de confirmación, no lo dejó salir y se libró. El caso es que una gran parte yo la he vivido y la he sufrido.

Noemí: ¿Cuál sería el sueño para tu pueblo?

Mi sueño es que sigamos trabajando, para mí es seguir dando a conocer esta historia a las ciudades y a los pueblos que no lo conocen todavía. No es fácil.

Hay ciudades que no quieren tocar el tema porque es muy duro y a veces salen rencores. No es fácil afrontar así pasivamente, no pasivamente sino objetivamente.

No es fácil porque normalmente sale el odio, la venganza. En mi familia pasó y dijeron "no va a quedar así, yo lo voy a vengar ".

Les dije: no hagas eso, piensa en ti, en tu esposa y tus hijos, tienes cuatro. Sabemos quien fue el entregador, pero faltan testigos. No, no pienses así. – que no jueguen con nosotros. Gracias a Dios mi hermano, no ha vuelto a decir nada. Hay que pensar en la familia, tengo tres hermanos más, varones. Las mujeres comprendemos más la situación, no lo sé.

No es fácil, viendo en mi familia también entiendo lo que pasa en otras familias. A mí me cuesta, pero estoy decidida. A nivel de nuestra historia mi sueño es seguir es seguir apoyando.

Lo ha hecho varios años saliendo a las ciudades. A veces voy a los talleres y pienso que es doloroso pero hay que tocar el tema porque hay que despertar conciencia porque todavía tenemos el peso de los militares y si no tomamos conciencia pueden volver otra vez, van a volver.

La ideología no desaparece en diez años ni en veinte años, entonces lo que pienso es que hay que trabajar mucho. En mi pueblo no seré yo la que voy a trabajar, pero de alguna manera animar a alguien.

Tengo mi sobrina que trabaja en organizaciones y que podría conectarme con ella para que ella trabaje en ese aspecto. Eso no se ha hecho, preguntarse "qué pasa o por qué pasó". Yo creo que mi pueblo, creo en las dominicanas, mi congregación, que despiertan a la persona. Nos forman y dan una formación buena.

Como dominicanas ya sabes que necesitas formación constante. Estoy contenta. A veces le digo a las hermanas, tocamos temas y no puedo evitar que me salten las lágrimas: no se preocupen yo no puedo evitar los sentimientos porque si yo los evito dejaría de hablar.

Entrevista: Hna. Noemí Zambrano

 

 

 

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