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I Encuentro Regional de Teólogas Dominicas (Lima, 1997)

Notas de I Encuentro Regional de Teólogas Dominicas
Lima, 12-14 de setiembre de 1997

 

La dinámica de trabajo estuvo centrada en rescatar la reflexión y práctica que muchas mujeres dominicas viven desde lo cotidiano de la vida. Es así que el encuentro no partió de disertaciones teológicas, meramente académicas; sino más bien leídas desde una manifestación del Espíritu. En pequeños grupos de trabajo compartimos el camino recorrido de la mano de nuestros pueblos, mirando ese mismo camino con ojos de nuestra espiritualidad.

 

Era considerada muy importante la participación sencilla de cada una de las hermanas y laicas que nos acompañaron; juntas pudimos compartir experiencias, escucharnos con "lenguaje de mujer", partícipes de una historia, en la cual los acontecimientos nos urgen y nos llevan a hacer un planteamiento teológico, que muestre una experiencia de Dios desde la Vida.

 

Durante tres días de disciplinado trabajo, enfocamos los temas ejes de nuestra espiritualidad Dominicana. Procuramos responder a una reflexión enfocada a nuestra manera de entender desde la experiencia lo que significa la Predicación, el estudio, la compasión y contemplación: procurando descubrir urgencias y retos.

 LA PREDICACIÓN. El punto de partida fue preguntarnos ¿Por que predicamos? Esencialmente dos cosas: la predicación es liberadora y se da desde la Vida. Tiene que estar unida a la escucha de la Palabra revelada en el texto bíblico y en la vida de los hombres y mujeres de nuestros pueblos.

La predicación es también un acto colectivo, pues como comunidad religiosa que "predica" tiene que devolver a la comunidad la palabra que predica. La predicación no es más que la contemplación en voz alta, voz que nace de dentro y que involucra toda nuestra existencia.

 Predicar desde lo comunitarlo, es una reacción ante el régimen individualista, el testimonio comunitario es más profundo que el testimonio personal. De allí que es importante plantearse predicar con trabajos comunitarios.

Es un acontecimiento colectivo, los pueblos predican con el canto, los colores, el gesto, desde la mujer. Es así que otro aspecto importante ligado a la predicación es el ARTE. ¿Cómo leer el mensaje que los pueblos nos traen, la inspiración de Dios a través del arte en sus diferentes expresiones culturales? En la cerámica, la música, las danzas de los pueblos se inspiran para expresar la belleza del arte.

 

Es muy importante "Predicar hacia" y predicar hacia el interior como familia de Dominicos. Esto exige como necesidad la mendicancia: actitud humilde de acoger y esperar la riqueza que viene de los otros. Constatamos que nuestras obras limitan nuestra mirada contemplativa de la realidad, y muchas veces nos pone barreras. Es necesario llegar al contacto personal directo: "Tocar la Vida", la Palabra debe pasar por la vida y así la Palabra puede ser "Buena Noticia". Una predicación sin contemplación no es posible.

 

La predicación es abierta, no tiene limites ni fronteras, no es para dar consejos ni exponer verdades teóricas: predicaba Santo Domingo para decir que todos son buenos, el hombre por ser hombre "Es bueno". Predicar es compartir la experiencia, es relacionarse, entrar en diálogo con el otro, provocar el "encuentro", hablar desde las heridas curadas y no curadas, acompañar a experimentar el amor misericordioso de Dios, predicar la gracia, la esperanza y a resurrección. Por lo tanto descubrir la verdad exige una actitud ecuménica y aprender a vivir con la diferencia.

 

La predicación femenina hoy es para dar esperanza como la mujer que "gesta vida", crear y "alumbrar" comunidad. Decir las verdades mas profundas en el lenguaje más sencillo, que a la vez exige más oración, creatividad, estudio y preparación.

 

La "Presencia" también predica, es bueno poder "contar con", salir al encuentro de, "tomar la iniciativa, "permanecer al lado de". Exige permanente encuentro, disposición e itinerancia interior, despojarse de los "aprioris" que podemos tener, para poder crear lazos con otros, hacer una profesión de fe con el otro. "Este es tu y mi Dios". Predicación no es solo hablar, es también callar. Se da a través de signos, se escribe desde la cultura.

 

¿Desde dónde predicamos?...desde la Verdad, desde el pobre.

 

Predicarles tener el mismo destino de la humanidad. Pertenecer a la humanidad es fácil, compartir el destino de la humanidad es un cuestionamiento. Esto nos exige discernir el lugar de nuestra inserción y preguntarnos si predicamos el rostro compasivo de Dios.

 

Predicar desde las diferentes fronteras de la vida y la muerte, desde la historia de cada persona, tocando sus vidas y las nuestras como algo "Sagrado", descubriendo el "Misterio", descubriendo la vida del otro y descubrirnos ante el otro. Por lo tanto el contenido de la predicación está en la historia, en todo los que vemos y oímos. Cabe preguntarnos ¿La vida religiosa está presente en los hechos que defienden la vida de los sectores del pueblo?

 

La predicación hoy y siempre exige coherencia de vida. Es la manifestación de fe en Dios del hombre y la mujer, en las diferentes culturas y momentos de la vida. Es enfrentar las situaciones sociopoliticas sin miedos ni recelos, superando dualismos y ambigüedades, es dar espacio al Espíritu Santo para que nos eduque y vivir la vida con el justo sentido para la que hemos sido creados. ¿Qué he recibido de los otros?... Es necesario arriesgar, fiarnos de la intuición, presentar la palabra no como dueños de la Verdad: sino más bien predicar siendo Palabra, puente, acompañando, siendo presencia.

 

ESTUDIO
El estudio en la espiritualidad dominica es parte de la contemplación. Es actitud permanente de búsqueda de la Verdad, cuya mediación es el hombre, la verdad de Dios y de las relaciones de Dios con su creatura. El estudio y lo estudiado no es propiedad de nadie; la dinámica es devolver la Verdad, entregarla, darla a conocer. Existe el riesgo de hacer del estudio un "Poder", de allí que cabe preguntamos "¿Como lo damos?"

 

Tres aspectos son importante considerar: en primer lugar el estudio no está restringido a la mera sistematización y a elucubraciones mentales, sino más bien va orientado a humanizarlo desde la compasión. En segundo lugar, exige investigar con cierto rigor que nos permita conocer, buscar, acoger, confrontar y devolverlo estudiado; y en tercer lugar, está impregnado de un profundo celo apostólico. Al respecto se enfatizaron algunas ideas centrales que procuramos señalar en lo siguientes puntos:

 

1. El estudio es un derecho de todos (de allí el hecho de liberamos de la idea que "la mujer no es para el estudio). Es un espacio creativo, de crecimiento y desarrollo personal; nos empobrecemos, no nos recreamos al dejar de estudiar. Es encarnado, parte de un DESDE y es PARA compartido en la predicación y la contemplación. A partir de esto surge la inquietud, que a nivel de Familia Dominicana exista un fondo internacional de apoyo para el Estudio, y plantear proyectos de estudio comunitario y desarrollo de los hermanos laicos.

 

2. Es por encima de todo una disciplina humana (académica o no) que educa a pensar, evaluar las corrientes del tiempo y orienta a dar respuestas humanas desde la fe y con sentido crítico. De esto se desprende que el estudio está al servicio de la Vida (sin entramparse al gusto de acumular conocimientos), por lo tanto no hay que perder tiempo en lo que no "es vida". Es un acto colectivo vivido desde la solidaridad.

 

3. El servicio a la vida es el elemento clave para la predicación; debe ir acompañado de la experiencia de Dios y abierto a los diferentes y cambiantes momentos de la historia humana; un estudio que me indique la Verdad que hay en la realidad, mi los hombres y en Dios. Es la parte ascética de la espiritualidad dominicana, importante de rescatar, en un momento en que la vida religiosa ha puesto más acento en el trabajo que en el estudio; y se ha valorado en función a la cuantía del mismo. Esto es un error, más aún, cuando como mujeres no nos darnos el espacio gratuito del Estudio y nos movemos siempre en función del trabajo.

 

4. También es una actitud permanente de búsqueda de la verdad, parte esencial de la contemplación que a la vez es compartir (dar y recibir) en gratuidad, en una dinámica de dinámica de revisión y conversión constante. Traducir mejor el termino "búsqueda de la verdad es decir "búsqueda a amor a la realidad, al contesto en el que se vive; es caminar y estudiar con la verdad. Los desafíos van por el lado de una mayor exigencia de potenciar, los espacios ganados por la mujer, el diálogo interdisciplinar en la familia dominicana y un trabajo seno con los medios de comunicación, es decir preparase en esto último para dar y devolver la experiencia de Dios.

 

5. El estudio es algo que de alguna manera también se ha prostituido, se ha ido devaluando en el mundo neoliberal (la competencia, el triunfo, ser alguien)... ¿Desde dónde estudiamos? ¿Porque y para qué? ... Es importante ubicarse, tomar posición. El estudio se nos da desde los sencillos... ¿Quiénes son nuestros hermanos? ... ¿Cuánto tiempo pasamos con ellos? El estudio va de la mano con la contemplación,' con el trabajo, la pobreza, la justicia y es manantial de esperanza... ¿Cómo el estudio rompe las fronteras internas?, ¿Cómo nos abre a la comunión y vence distancias de tiempo, historias, mentalidades para entrar a la fraternidad, la comunión del Espíritu y la universalidad? Por un lado hay toda una tarea de sistematizar la experiencia y por otro lado la exigencia de sacar de las entrañas, desde donde nos duele la vida para ir creando.

 

6. El estudio nos humaniza, nos hace más conscientes de nosotros mismos y de los otros; y nos compromete a ayudamos a crecer. Nos abre a los demás, nos abre los ojos; y nos permite tener un juicio crítico de nuestras propias estructuras internas, conectándonos a la realidad pudiendo también descubrir en ella las trampas del sistema y las estructuras que la sociedad y la iglesia poseen. Pero también nos lleva a descubrir las necesidades de las personas y grupos; por lo tanto es una responsabilidad personal y comunitaria.

 LA COMPASIÓN

La Compasión es la dimensión femenina de nuestra espiritualidad, pues se relaciona con las entrañas. Es padecer con el otro, hacerse del dolor del otro con un amor intenso y profundo. Es la experiencia de Dios que nos lleva a actitudes concretas que nos conmueve hasta las entrañas y cuyos frutos se traducen en gestos de paz y gozo.

 

La compasión nos lanza a vivir la alteridad encontrándonos y respetando procesos, sobretodo en un mundo individualista que excluye al otro. Es así que la llamada es a comprometernos a correr la misma suerte de la humanidad y ayudarles a salir de dónde está, situándonos en la realidad existencial, despojándonos de las mediaciones moralistas. Vaciarse de si mismo para entrar en los zapatos del otro y aprender a acompañar. Ligada a la misión de ser testigo de Cristo... "Hacerse del dolor del pobre, del desvalido, del indigente."

 

Es también un don, una llamada que no es conquista. Es un compromiso con la VIDA sufrida que toma el corazón, gesta amistad e irrumpe nuestra interioridad. La compasión es la pedagogía de Dios para convertirse, somos despojados y no es que nos despojamos. Viene de Espíritu y es el Espíritu. Es un encuentro que no lanza a acoger con ternura, a dejarse "parir", a dejarse vaciar para que el otro me penetre con su propia y genuina novedad. En ésta línea de reflexión la pobreza crea en nosotras la compasión, corazón y entrañas de misericordia el estudio facilita un corazón compasivo, a ignorancia nos marca distancias, no saber nos hace distantes.

 

Es difícil la mayor parte de veces vivir la compasión, porque cansamos de vivirla. No es una acción programada, es un proceso, es enamorarse y pertenecer a... ser parte de.... Existe el gran riesgo de ver a los otros como trabajo para nosotras; muchas veces nos sentimos dueñas de las culturas, de los colegios, de las ideas, de la verdad. Pocas veces asumimos que algo nos duele, porque esto implica afrontar nuestra incapacidad de acompañarnos.

 

Las estructuras nos endurecen el corazón, nos aleja, debilita nuestra compasión. Cabria preguntarnos si realmente somos parte de la naturaleza humana, nos pertenecemos; la compasión es todo lo que se da en comunidad y en dinámica comunitaria: pertenecer, comprender, compadecer, dejarnos crecer en la carne, dejarnos adoptar por la comunidad. La pertenencia es un don, son los otros los que te dejan entrar.

 No se puede hablar de compasión sin amor, la compasión dominicana es una fuerza del amor que vence el miedo de enamorarse de la realidad con la misma pasión con que la vivió Santo Domingo, recogiendo toda la energía de compasión que hay en la humanidad.

La compasión es un ministerio que en un mundo tan dolido y sufriente exige consolar y consolar lo más posible, con ternura y misericordia, sin juicios morales a priori. El juicio moral y las estructuras atentan contra la compasión; es necesario pensar y sentir desde las entrañas más que desde las ideas ... Queda como cuestionamiento preguntarnos si la vida religiosa hoy ¿tiene estructuras de compasión o de separación?

 LA CONTEMPLACIÓN

Es un ejercicio dominicano que nos permite tener una relación íntima con el Misterio de Dios, relación afectiva y efectiva de la cual nace un modo concreto de vivir la encarnación. Encarnación que a la vez es conocimiento de otro, entrando en la intimidad profunda de su ser (lo que piensa, siente, vive, mira). Presencia del Dios encarnado que revela en personas, situaciones humanas.

 

Es un don, cargado de gratuidad en toda la naturaleza humana y manifestada en la Palabra, que explicita una forma concreta de vivir la experiencia personal de Dios y que lleva a la comunidad. Es decir la contemplación se ve enriquecida en lo comunitario, desde donde provoca la conversión que nos ayuda a sanar heridas, a vaciarnos y liberarnos de apegos que impiden dar Vida.

 

Esta contemplación en clave de comunidad nos hace ver que somos parte de la humanidad, servidores y acompañantes, en la misión profética de tener el coraje, las fuerzas de estar con el otro, perder los miedos que nos tienen prohibidos participar en la Vida, especialmente de aquellos que el actual sistema considera los deshechos de la humanidad, los marginados de la vida cotidiana.

 

Es toda una experiencia personal que no se agota en la persona misma, sino que se va multiplicando en la medida que una la comparte con otros. Es silencio y palabra, es presencia y aprendizaje medida en el amor a los hermanos, es una mirada simple y afectuosa de la realidad que también implica cuidar y guardar el misterio (Hoy la humanidad doliente para sobrevivir tiene que vender todos sus secretos, se ha prostituido in un mundo neoliberal que no quiere que la gente contemple). Tener la capacidad de contemplar hasta lo que no tiene belleza, pues toda la realidad tiene VIDA. No olvidemos que en la Orden no existía tiempos de contemplación (ejercicios) sino que siempre se da desde lo cotidiano, desde la vida.

 

Es un proceso personal y comunitario enraizado en la realidad, y desde la cual descubrimos un mundo que empieza a resucitar. Nunca estamos solos en la contemplación, pues soy parte de todo un universo y nuestra misión es anunciar la misericordia de Dios porque lo hemos contemplado. En este sentido como mujeres integramos la sensibilidad en una experiencia contemplativa.

 

Nuestros pueblos como Dios son profundamente contemplativos, saben conectarse con el cielo y la tierra, rompen los dualismos y conciben la universalidad como comunión. Aquí tenemos un amplio camino que recorrer. Desde las culturas y no desde nosotros descubrir la Vida que late in su interior, que crea lazos de vida y que clama mayor humanidad.

 

Esto implica un ejercicio profundo de contemplación, silencio, escucha, respeto y mucha humildad para dejarnos adoptar y maravillar por el misterio de Dios que habita en las diferentes culturas de nuestros pueblos. Quizás esto nos este planteando un nuevo modo de ser religiosos y de ver si las esquemas que marcan nuestras dinámicas de vida responden a las exigencias de humanización del mundo actual. Siempre estamos pensando que nosotros solo somos religiosos; pero la humanidad es religiosa. Hay un peligro continuo que superar como es el orgullo de la Iglesia.

 

Es importante sabernos acompañar y replantearnos continuamente desde la contemplación las respuestas y formas quedamos y vivimos. ¿Cómo nos estamos acompañando en la vida religiosa, desde la Orden, con nuestros hermanos laicos? ¿Cómo nos acompañamos con los pueblos donde compartimos la vida? ¿Quién amamos? ¿nuestra concepción de Dios, o al Dios verdadero?

 

Es así como concluimos nuestro encuentro celebrando comunitariamente la vida y reflexión realizada en estos tres días; cabe resaltar la dinámica contemplativa desde el arte. Nuestra hermana Joana compartió con nosotras las dimensiones de nuestra espiritualidad expresadas in el dibujo, abriendo paso al Espíritu para predicamos mutuamente la resonancia que la imagen hacia en cada una de nosotras tocada desde las diferentes experiencias de vida que con nuestros pueblos compartimos.

 

También fue muy importante de cuatro hermanas laicas que con su presencia y palabra en una relación de iguales cuestionaron positivamente la dinámica de fraternidad en la Orden; considerarnos importantísima no sólo su participación sino su reflexión y experiencias. Finalmente los criterios iniciales tenidos para este encuentro fueron ampliándose pasando del rigor y condiciones académicas a la valoración de la reflexión teológica desde la experiencia de vida.

 

Fueron muy importantes los aportes de las hermanas, que sin contar con títulos de Teología nos trasmitieron su profunda experiencia de Dios desde su vivencia arraigada en los pueblos indígenas de la selva ecuatoriana. Se abrieron perspectivas entre nosotras, sembrando esperanza y plasmando inquietudes que nos lleven a encuentros que fortalezcan nuestra misión y fidelidad al carisma Dominicano.

 Texto: Kattia Montezuma Gallo, OP, Misionera Dominica del Rosario, Lima, Peru.