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Misioneras Dominicas del Rosario: discurso de apertura oficial del Año Jubilar

Discurso de apertura oficial del Año Jubilar“En esta tarde, en que las Misioneras Dominicas celebramos la Apertura del Centenario de Nuestra Congregación, brota de lo más profundo de nuestro corazón un canto de acción de gracias por tantos dones recibidos, porque, como dice el Salmo 125 “El Señor ha sido grande con nosotras y estamos alegres”. 

 

 

 

 

 

logodominicasConsejo General Misioneras Dominicas del Rosario

Circular Nº 09/2017 – Consejo General

Madrid, 07 de octubre de 2017

Apertura Oficial del Año Jubilar

Queridas Hermanas:

El Maestro Eckhart, Dominico alemán del siglo XIV, decía que si la única oración que dijésemos en toda nuestra vida fuese, gracias, eso bastaría.

En esta tarde, en que las Misioneras Dominicas celebramos la Apertura del Centenario de Nuestra Congregación, brota de lo más profundo de nuestro corazón un canto de acción de gracias por tantos dones recibidos, porque, como dice el Salmo 125 “El Señor ha sido grande con nosotras y estamos alegres”.

En primer lugar queremos daros las gracias, a todos y cada uno de los que hoy estáis aquí, sacerdotes, religiosos y religiosas, hermanas Misioneras Dominicas de todas las comunidades de España, colaboradores, familiares y amigos. Aquellos que residís en Madrid y los que habéis viajado desde Huesca, León, Burriana, Zaragoza, Pamplona, Valencia y otras Provincias, para acompañarnos, con vuestra presencia amiga, cálida y entrañable, en un día tan significativo para nosotras.

También queremos tener presentes a todas las hermanas y comunidades que en estos días estarán celebrando, con gran alegría, esta Fiesta en todos los países y lugares del mundo donde se encuentran las Misioneras Dominicas del Rosario.

Celebrar el Centenario de nuestra Fundación supone, para nosotras, un momento privilegiado que deseamos marque un antes y un después en nuestro itinerario misionero Congregacional.

El Señor desea realizar en nosotras “un nuevo nacimiento como Congregación”, y este Año Jubilar, que hoy iniciamos, se convierte en el momento oportuno para acoger ese nuevo sabor que el Señor nos quiere regalar. Sabor a hogar, a pan recién hecho que se parte y reparte, en familia, entre los más necesitados, sabor a Dios, sabor a Evangelio.

Hoy deseamos mirar nuestra Historia Congregacional con una mirada positiva descubriendo los momentos más creativos y las decisiones más valientes. Esto nos ayudará a no desanimar ante las dificultades y generará en nosotras una nueva capacidad para soñar, decidir y diseñar nuevos proyectos misioneros en favor de la vida de nuestros pueblos.

La Congregación de Misioneras Dominicas del Rosario nace en respuesta a la situación de deshumanización que se vivía en el Vicariato Apostólico del Urubamba y Madre de Dios a primeros del siglo XX.

Cien años después, la apasionante aventura que comenzó con la defensa de los derechos humanos en la Amazonía Peruana se desarrolla en la actualidad en 22 países: la República Democrática del Congo, Camerún, Angola, Mozambique, Perú, Ecuador, Bolivia, Chile, República Dominicana, Guatemala, Nicaragua, México, Puerto Rico, India, China, Taiwán, Macao, Vietnam, Timor, Filipinas, Portugal y España.

113 comunidades repartidas en 4 Continentes, integradas por misioneras de 25 nacionalidades. Esto nos recuerda permanentemente que nuestra Congregación nació con vocación de itinerancia y que nuestras comunidades internacionales son el principal testimonio de comunión en un mundo fracturado.

En esta tarde, queremos dar gracias al Señor por nuestros Fundadores, Ramón Zubieta y Ascensión Nicol, misioneros intrépidos e incansables que se atrevieron a soñar una sociedad diferente para quienes habitaban la selva peruana, una sociedad donde la dignidad de hijos de Dios fuese respetada.

Esta visión de futuro se convirtió en el motor que les impulsó y les llevó a emprender caminos nuevos, sin seguridades, sin institución, sin seguidores y sin promesas de éxito. Pedimos al Señor que nosotras, Misioneras Dominicas de hoy y de mañana, mayores y jóvenes, seamos fieles seguidoras del Carisma que nuestros Fundadores nos legaron viviendo nuestra vocación misionera con la misma generosidad, entrega y audacia con que ellos la vivieron.

Damos gracias al Señor por todas las hermanas que nos precedieron, por tantas vidas entregadas con pasión y fortaleza al servicio de los últimos de la tierra. Sus vidas derramadas hasta la última gota por amor, en una entrega total sin condiciones, como la de nuestras hermanas mártires del Congo: Justa, Buen Consejo, Cándida y Olimpia, nos enseñan el camino cierto para construir un mundo más humano, como Dios lo quiere.

Al hacer hoy una relectura del camino recorrido en estos cien años, deseamos redescubrir la inspiración que día a día las sostenían, el alma, la chispa que las renovaba y recreaba en todo momento. Esto implica, para nosotras, entrar en un proceso de búsqueda y despojo, resituarnos en lo más esencial, adentrarnos en el Misterio y preguntarnos de nuevo qué es lo que el Señor quiere de nosotras, Misioneras Dominicas, aquí y ahora.

Queremos dar gracias al Señor, también, por tantas personas con quienes compartimos los mismos deseos de Justicia y Paz y que se han ido sumando a nuestra aventura misionera. Laicos y laicas que comparten nuestra espiritualidad, voluntarios con quienes trabajamos codo a codo en nuestras misiones, colaboradores, compañeros y compañeras de camino que nos apoyan incondicionalmente sin los que no podríamos realizar los proyectos misioneros que llevamos adelante.

Nosotras, Misioneras Dominicas del Rosario, como seguidoras de Domingo de Guzmán, deseamos ser predicadoras itinerantes, peregrinas sin fronteras, comunicando al mundo la bondad de Dios que se ha manifestado en su Hijo Jesucristo. Estamos llamadas a entregar nuestras vidas allí donde la humanidad grita de dolor haciendo una apuesta radical por aquellos que para el mundo no existen, están muertos, compartiendo con ellos sus esperanzas, escuchando su dolor y defendiendo la vida, día a día, sin claudicar.

Celebrar nuestro Centenario es abrir las ventanas de par en par y dejar que el Espíritu irrumpa en nuestros corazones con su fuego y su potencial de vida. Su aliento nos sostiene, nos recrea y nos hace descubrir que con Él todo será posible pues el amor hace milagros.

El milagro de la solidaridad, de la reconciliación, el milagro de la escucha, de la ternura, los milagros pequeños, sencillos y cotidianos que nos ayudan a mantener viva la llama de la esperanza sabiendo que no estamos solas y que nada debemos temer pues el Señor está en medio de nosotras protegiéndonos y comunicándonos su amor, su alegría y su paz.

Que Nuestra Madre del Rosario, Patrona de nuestra Congregación, nos enseñe a ser discípulas fieles de su Hijo, siendo como ella, “mujeres de oración, de fraternidad y de trabajo” como bien lo expresan nuestras Constituciones.

Que María, Madre de Jesús y Madre nuestra interceda por todas nosotras para que nuestras vidas anuncien con gestos y palabras, al mundo, la misericordia y la compasión del Dios de los más pequeños.

Gracias a todos

Un abrazo con mucho cariño

Raquel Gil - Coordinadora General