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Comunicado de los Jesuitas de Haití

COMUNICADO DE LOS JESUITAS DE HAITÍ   Los jesuitas que trabajamos en diferentes ámbitos en Haití somos testigos del drama cotidiano que viven millones de haitianos, hermanos y hermanas nuestros. Al igual que Yahvé en el desierto, vemos la miseria de nuestro pueblo y oímos sus gritos "Soy Yahvé, tu Dios. He visto tu miseria y he oído tu grito". Estas son las miserias, hoy día. 

La crisis económica que atraviesa Haití amenaza con sumir a este país en el caos. Ante esta situación, los jesuitas de la zona interpelan a sus responsables políticos y a la propia sociedad civil, al tiempo que denuncian la impasibilidad de la comunidad internacional que "asiste cínicamente a la caída en el infierno de la sociedad humana"

 

Comunicado de los jesuitas haitianos.  Abril 2008

Los jesuitas que trabajamos en diferentes ámbitos en Haití somos testigos del drama cotidiano que viven millones de haitianos, hermanos y hermanas nuestros. Al igual que Yahvé en el desierto, vemos la miseria de nuestro pueblo y oímos sus gritos "Soy Yahvé, tu Dios. He visto tu miseria y he oído tu grito".Estas son las miserias, hoy día, de nuestro pueblo: 

  • Millones de haitianos y haitianas víctimas del incesante y vertiginoso alza de los precios de aquellos productos de primera necesidad, incapaces de cubrir sus más esenciales necesidades, ni siquiera la alimentación.
  • La reducción de la producción nacional en todos los sectores de la economía, lo que lleva a la hambruna y a la más absoluta indigencia.
  • El empobrecimiento vergonzoso e insoportable de nuestra población urbana y rural.
  • El crecimiento de la inseguridad, especialmente la aventurada reaparición de los raptos y la desesperación de los jóvenes.
  • Nuestro país, hundido en la vergüenza y la desesperación, con su soberanía pisoteada y la mayoría de la población viviendo en condiciones infrahumanas.

 También se incluye en las miserias de nuestro pueblo hoy: La total incapacidad de la mayoría de nuestros gobernantes para enfrentarse a los

  • problemas básicos de la sociedad.
  • La total ausencia de una oposición política constructiva susceptible de controlar y estimular la acción del gobierno a favor del país.
  • La total aniquilación de la función política del Parlamento mediante procedimientos deshonestos como la corrupción, el soborno...
  • La irresponsabilidad de la comunidad internacional, especialmente de los países que se dicen amigos de Haití, de las instituciones financieras internacionales (Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional, Banco Interamericano de Desarrollo, etc.) que no han respetado de su promesa con respecto a Haití, asistiendo cínicamente a la caída en el infierno de la sociedad haitiana.
  • El pueblo haitiano, pueblo valiente como ningún otro, esta vez ya no puede más. Atenazado por la miseria, grita. Su grito es una llamada. Los gritos de hoy son los gritos de: 
  • Miles de jóvenes que vagan por la calle diciendo que ya no pueden más y que exigen a los responsables políticos que asuman su responsabilidad.
  • Los millones de parados, atenazados por el hambre, que gritan su cólera a través de las calles de Puerto Príncipe y de las ciudades de las provincias.
  • Los padres y madres que pasan varios días sin poder alimentarse y que están gritando su miseria en las manifestaciones callejeras, etc.
  • Esos niños descarnados de los barrios marginales y del campo que gritan todos los dí as porque no encuentran nada para comer y porque carecen de futuro.

Nos sentimos interpelados por esta situación intolerable que amenaza con hacer caer de nuevo a nuestro país en una situación dramática; estamos profundamente unidos a este pueblo que sufre y sinceramente solidarizados con las victimas. Por esto, en nombre de nuestra fe cristiana y por nuestro compromiso como religiosos jesuitas, pedimos con fuerza:  

  • A los responsables políticos
    • Al Presidente de la República, que tome rápidamente las decisiones que sean necesarias para restablecer la confianza y la paz; que encargue una reforma en profundidad de las instituciones públicas para que el país se ponga, por fin, en la vía del desarrollo.
    • A los altos responsables del Estado que, a corto plazo, en el más breve plazo posible, se pongan a elaborar un programa de urgencia, real y eficaz, para disminuir el sufrimiento de la población y, a largo plazo, a utilizar los recursos intelectuales (tanto nacionales como extranjeros) para elaborar y poner en marcha un verdadero plan de desarrollo nacional.
    • A los partidos y organizaciones políticas, que asuman su responsabilidad de crítica y de control de la acción gubernamental, que ayuden a la búsqueda de soluciones adaptadas al drama que vive nuestra sociedad, y participen efectivamente en la reforma del Estado para que nuestro país salga por fin de la vergüenza y el marasmo.
       
  • A los comerciantes, los industriales, los importadores, los banqueros y otras fuerzas vivas de la nación, que aporten su contribución para aligerar los sufrimientos de nuestros conciudadanos, que tomen conciencia de la necesidad de trabajar juntos para ayudar a Haití a levantarse.
  • A todos los componentes de la sociedad civil: responsables religiosos, educadores, estudiantes, responsables y miembros de asociaciones sindicalistas y obreras, artesanos, pequeños comerciantes, agricultores, a ponernos de pié, a buscar juntos las soluciones a los problemas de nuestro pueblo.
  • A la comunidad internacional, sobre todo a los países que se dicen amigos de Haití, a las instituciones financieras internacionales, que respeten sus compromisos con Haití, que respeten sus numerosas promesas de cooperación y que ayuden al país a salir de este crítica situación.

 Firman: P. Pérard Monestime SJ, P. Dérino Sainfariste SJ, P. Kawas François SJ, P. André Charbonneau SJ, P. Miller Lamothe SJ, P. Claude Souffrant SJ, P. Ramiro Pampols SJ, P. Kénel Sénatus SJ, P. Gilles Beauchemin SJ, P. Gontrand Décoste SJ, Frère Mathurin Charlot SJ, Thomas Dabady SJ y P. Godefroy Midy SJ