Hna. Joana OShanahan: Mirar la realidad y predicar proféticamente

A pocos días de regresar a Irlanda, mientras limpia la casa de Victoria para entregarla, la hermana Joana OShanahan repasa recuerdos: “yo llegué en el ‘88 y cuando estás mirando papeles hacés como un reverso de tu vida y estás dando pasos por el ‘89, ‘90… es una caminata de vuelta y uno dice ¡Dios mío, hemos hecho bastante, la verdad que hemos hecho bastante! y esto también me da mucha energía interior”. Es un momento de sentimientos encontrados, en el que está alegre porque regresa a su patria “pero del otro lado me siento triste porque voy a dejar mi patria y matria que es Argentina, voy a dejar personas que he conocido durante 32 años, personas con quienes hemos trabajado juntos, hemos hecho amistades, hemos puesto raíces, hemos adoptado como nuestra patria y ustedes acá nos han adoptado también, así que es el agrio y el dulce, no es fácil balancear”.

Se llevará en el corazón “los rostros de las personas con quien he vivido, mis hermanas acá, las comunidades, la gente, todo el país, porque en Argentina sentí que las personas tienen tiempo para escuchar, he sido muy escuchada acá, he sido muy valorada, he recibido oportunidades de trabajo local y a nivel América Latina, así que me siento bien, super contenta, también la gran hospitalidad de las familias en los barrios y en las ciudades en general”. Como ejemplo, recuerda el recibimiento que le brindó en Rosario, hace poco, el equipo de Educación por la Paz: “me dieron una bienvenida increíble, calurosa, generosa, con sabor, color, genuina, muy, muy sincera y doy gracias por este estilo. Esto no es solamente en Rosario, esto es algo que se nota en Argentina. Lo que llevo conmigo también es el ruido del mate, del asado, los rituales, de sentarse, de compartir, de ser solidario con el otro en tiempos de inundaciones, de dificultades, de temblores de tierra. En Argentina he visto que han recibido a muchos, muchos pueblos de diferentes partes del mundo, han abierto sus puertas, así que es  pluri y multicultural”.

El primer destino en Argentina fue Solari, donde por dos o tres meses brindó apoyo a una religiosa que había sido operada. “Acompañé a la hermana Sheelagh en Corrientes y conocí la belleza de la misión allá, en un pueblito en el campo. La acompañé, traté de conocer la gente con la que las hermanas trabajaron y me quedé super edificada por el testimonio de su vida”.

Cuartel V: trabajo en redes

Después se mudó al barrio Grabarnik en Cuartel V, Moreno, provincia de Buenos Aires. Allí animó la formación de comunidades de fe y trabajo. “Era un barrio un poco olvidado, así que descubrimos cuales eran las necesidades a nivel comunidad y acompañamos grupos en eso. Quizás mi don especial fue el tema de poder detectar cuáles fueron las necesidades, formular un proyecto y presentarlo para conseguir fondos para lograr construir o capacitar un grupo”, comenta Joana. Por ejemplo, notaron “que la guardería La Amistad necesitaba tener una comisión así que formamos una comisión, que se dedicó durante algunos años a terminar la construcción de la guardería, consiguieron auspiciantes y realmente fue increíble, después conectaron ellos con una red de guarderías, así que lograron más apoyo. Esa guardería dio comida, clases y apoyo a muchas familias en el barrio, especialmente madres que querían ir a trabajar y no tenían donde dejar a sus hijos, bebés, chiquitos”.

Además,  se abrieron comedores y se construyó “un centro de la mujer al lado de la capilla San Cayetano. Fue lindo eso, porque mucha gente tenía mucha devoción a san Cayetano, fue algo super importante para unir a la comunidad. También encontré un grupo que se llamaba Cheroga (“mi casa”) que se dedicaron a trabajar en una panadería y después con diferentes proyectos, pero el más importante fue conseguir agua e instalar pozos para familias necesitadas, muchos no tenían agua corriente en su casa. También Cheroga tuvo un hijo que se llamaba José, ellos también se dedicaron al apoyo escolar y otras cosas”, rememora la religiosa.

“Quizás la necesidad más destacada en este barrio Grabarnik fue la falta de viviendas para muchas familias, así que durante varios años una joven mamá que se llamaba María, la sobrina de doña Sara, ella consiguió juntar 30 o más familias y con ayuda de Madre Tierra y otras organizaciones, la municipalidad, la provincia, Irlanda, diferentes países, se compró primero el terreno, después se construyeron lotes con servicios que terminaron siendo casas para más de 400 familias. Ahora hay más de 600 familias. También en este barrio fui una de las animadoras de una radio FM que se llamaba Solidaridad que fue muy importante para unir las familias de la zona, no solamente del barrio. En mi tiempo eran 16 barrios en Cuartel V y 60.000 personas”, explica.

“También presentamos un proyecto, con otro grupo, de capacitación en computación para jóvenes desempleados, jóvenes adultos, para sacarlos del pozo de la pobreza. Se capacitaron y aprendieron habilidades nuevas y podían manejar computadoras, arreglarlas, hacer programas, etc. Cheroga también ayudó a construir a las familias que se instalaron en el barrio Milenio, esto fue fabuloso. Hicimos muchos talleres de escucha mutua para las mujeres que sufrían violencia familiar o para mujeres que querían avanzar en la vida, que querían ser líderes, que se querían desarrollar y tener metas para sus hijos. Con la ayuda de otras hermanas y Alicia Ochoa, Amparo y hna. Verónica formamos muchos grupos, no solamente en barrio Grabarnik, sino en el barrio Milenio”.

“Cuando terminé en Grabarnik cambié a la comunidad de Mayor del Pino, del otro lado de la ruta, también seguí con ese trabajo de la escucha, del trabajo en redes. En la guardería La Amistad aprendimos cómo trabajar en redes, como unir todas las organizaciones de fe y trabajo en la zona, como trabajar juntos, en colaboración y reclamando derechos que quizás no se podían conseguir solos”.

Latinoamérica: “ensanchar la carpa”

Después se mudó a Rosario, en la provincia de Santa Fe, donde compartió la comunidad con tres hermanas mayores. En esa época trabajó en CODALC, a nivel latinoamericano, “fui votada en 1998 en Cochabamba, Bolivia, me dediqué primero a la Justicia y Paz y después me dediqué a unir las congregaciones y a organizar talleres de capacitación para diferentes congregaciones. Fue una experiencia muy agradable, abrió mi horizonte. No sabía que existían tantas hermanas dominicas, tantos frailes, tantas laicas, como una familia enorme en toda América Latina, no solamente en el Cono Sur, en la Zona Bolivariana, en la Zona de América Central, de México, increíble, la verdad, ‘ensanchar la carpa´ fue mi lema. Pude, con un equipo de hermanas, dar mi aporte. Las hermanas me empujaron también en casa, iba y volvía, siempre volvía a mi lugar en la zona, con los más necesitados, ese fue mi primer amor, además, los más necesitados necesitan de muchas redes de hermanas para seguir ayudándolos en situaciones de injusticia”.

“Eso fue en Rosario, también traté de prestar mucha atención a las hermanas en sus necesidades, sus enfermedades, sus alegrías y pude aportar mi grano y también aprendí muchísimo, en todos los lugares en que estuve aprendí mucho. En Rosario, comencé a trabajar en organizaciones en redes, como hicimos en Cuartel V, decidimos repetir el formulario porque juntos se puede más y mejor que solos. Con Teresita Alfano, con las hermanas allá, juntamos diferentes organizaciones en la zona marginada de Rosario, en Villa Gobernador Gálvez”.

Rosario y Victoria: Educar para la paz

Mientras continuaba con el trabajo para América Latina, “en un encuentro en Estados Unidos presentaron el programa de Educación para la Paz, me impactó mucho. El lema era ‘si es posible entrenar para la guerra, es posible entrenar para la paz’. Teresita Alfano, yo y otras docentes nos reunimos, nos capacitamos, leímos los libros del programa, recibimos el programa de un grupo con espíritu dominicano en Miami”, afirma y agrega que comenzaron a organizar cursos “en el colegio Santísimo Rosario y tuvimos mucho éxito, compartimos con otras ciudades, con otros docentes, se hizo una red mucho más amplia, nacional, y logramos tener talleres y charlas y grupos en diferentes partes, en Rosario, en Villa Gobernador Gálvez, en Victoria, en Buenos Aires, en termas de Río Hondo, en Santiago del Estero y en Tucumán, también en Bolivia, en Tarija, la hermana Patricia logró trabajar fabulosamente allá. En Rosario también estuvieron acompañando las hermanas Ana del Valle y Nancy, que estaban en ese tiempo preparándose para sus votos finales”.

Por último, Joana se mudó a Victoria, Entre Ríos, donde continuó trabajando en Educación por la Paz.” Aquí estoy ahora, para cumplir 74, muy agradecida a mis hermanas”, asevera.

María, el análisis de la realidad y los mártires

“Lo que marcó mucho mi misión en Argentina fue la fe que la gente tenía en la Virgen, la importancia que tenía la misión de la Virgen, la misión casa por casa, las grutas a la Virgen, de Luján, de Itatí, la carpa misionera, las capillas dedicadas a la Virgen de Guadalupe, cada uno con su preferencia. Las peregrinaciones a los santuarios de la Virgen, siempre visitamos Luján o Itatí, o lugares como la Virgen de Lourdes, la hermana Crescencia, San Nicolás, como lugares de peregrinación, en familia o en comunidad, fue algo muy fuerte y me ayudó mucho”, cuenta Joana.

Destaca, asimismo, “este método que tenían las hermanas de trabajar en los barrios” con el esquema de “analizar la realidad, de ver, de juzgar y de actuar, una manera de ver la realidad, qué está pasando, cuáles son las justicias e injusticias, cuáles son las buenas noticias y tratar de ayudar de alguna manera, según este análisis”. El espíritu en ese momento “era nuestro carisma de la predicación, contemplar y compartir con otros lo que hemos contemplado, como mirando la realidad y predicando proféticamente, anunciando buenas obras, buenas noticias de la Biblia y buenas obras de la realidad y denunciando las que no eran tan buenas”.

En los primeros meses en el país, la impactó “la espiritualidad de los mártires, Argentina ha tenido muchos mártires que han luchado por los pobres y por los más necesitados, contra todo, y sufrieron por sus valores y su fe, por ejemplo Angelelli y Carlos Mujica, las hermanas en Buenos Aires (Alice Domond y Leonie Duquet) que fueron raptadas por los militares, los palotinos que fueron muertos por su fe y sus trabajos con los más necesitados, eso fue algo muy nuevo para mí, me impactó, me dio mucha fuerza, mucho apoyo, mucha energía interior, también ver el testimonio de mis hermanas que estaban muchos años en Argentina antes que yo, pero como que ellas también habían sido contagiadas con este mismo espíritu de entrega, de acción y de cansancio con todo lo que implicaba dar una preferencia por los más necesitados”.

El futuro en Irlanda: escuchar lo que Dios quiere

Joana volverá a Irlanda con la hermana Verónica Rafferty y otras dos religiosas de Estados Unidos. “Mi futuro va a ser muy diferente”, anticipa, “he vivido acá con mucho contacto personal, visitas, convivencias, encuentros, he visitado todos los países de América Latina saboreando la misión de la familia dominicana, así que ahora va a ser todo completamente diferente. Voy a tener que ir como una hermana mayor, de 74 años y voy a reinsertarme en una linda comunidad de hermanas, voy a ver cómo están las cosas y voy a tomar un tiempo de transición, voy a ver si puedo dedicar un poco más de tiempo a la oración. Me encantaría, si fuera posible, hacer meditaciones con música, porque hay una hermana en mi comunidad que es experta en eso, me gustaría perfeccionar mi arte de autoescucha. A veces uno se dedica mucho tiempo a la acción, acción, acción, ahora ya es tiempo de hacer un pequeño cambio. Esto no quiere decir que voy a estar todo el día meditando, voy a tomar tiempo, voy a descasar un poco más, voy a hacer la cuarentena por la pandemia, voy a hacer exámenes por el COVID, me voy a poner la vacuna y voy a visitar a mi familia, que vive relativamente cerca, voy a tratar de conocer a las hermanas de mi comunidad, escuchándolas, compartiendo con ellas, y voy a ver si puedo seguir con mi escucha, con mi trabajo en educación por la paz, si hay otra versión que pueda hacer, me encantaría. Voy a ver si en la zona cerca, en la zona marginada, si hay algo, algún grupo o alguna tarea que necesitan. Voy a estar escuchando lo que Dios quiere, porque todavía no es claro lo que voy a hacer, pero algo voy a hacer y también voy a participar en el Capítulo, si Dios quiere”.

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