Encuentro del Maestro con la Familia Dominicana en Chile

Fray Bruno Cadoré, Maestro de la Orden, acompañado por fray Luis Javier Rubio, Socio para América Latina y El Caribe, hizo una visita canónica en Argentina y Chile. El viernes 27 de julio estuvieron ambos en Córdoba, para participar en el Encuentro de Provincia y ver a los hermanos del convento de Córdoba. El sábado 28 por la tarde llegaron a Santiago.

Hubo una convivencia y encuentro en el Convento de Santo Domingo, que concluyó con el canto de vísperas. El Maestro respondió con prolijidad varias preguntas que se le hicieron. Damos cuenta brevemente de sus respuestas, esperando no traicionar su pensamiento.

La primera pregunta fue de carácter personal: qué podría él decirnos de su vocación dominicana. Su respuesta se centró en su experiencia de ocho años como Maestro de la Orden. Yo conocía –nos dijo– la vida de santo Domingo, la Orden fundada por él, cuál es nuestro carisma. Pero eso no basta. Para descubrir tu vocación, necesitas a tus hermanos, escucharlos a ellos, exponerte a sus cuestionamientos, abrir tu sensibilidad a sus inquietudes, a fin de descubrir también tu vulnerabilidad ante el mundo. Son tus hermanos, la gente, quienes te dicen cuál es tu vocación.

Se le preguntó cómo veía la situación de Nicaragua, los hermanos y hermanas que viven en ese país. Es difícil –respondió– predicar a quien tienen el poder, pero tenemos que hacerlo. Hay que tener en cuenta, ante todo, que el poder no lo sabe todo. Las alianzas políticas que tienen la ilusión de que el poder puede no solo saberlo todo sino hacerlo todo, no son buenas.

Tenemos que hablar desde los que no tienen poder, los pobres, a los que abusan del poder.

En su respuesta sobre la situación de la Iglesia, no solo las crisis por las que atraviesa, advirtió que estamos en el trance de pasar de una iglesia clerical a una iglesia laical. Esto nos atañe como comunidad dedicada a la predicación del evangelio. Nuestra misión no consiste solo en comunicar el mensaje evangélico, no solo enseñar a otros. Es preciso comunicar el carisma a otros, suscitar fraternidades entregadas a anunciar el evangelio. Mejor que hablar de Iglesia, hablar de fraternidad de creyentes en Jesucristo.

Surgió también el interés por el próximo Capítulo general de los frailes, que será en la Ciudad Ho Chi Min – Saigón, Vietnam, entre julio y agosto de 2019. El Maestro destacó que es el primer capítulo de la Orden que se celebrará en el Extremo Oriente en un país que no ha estado dentro de la esfera de los países colonizados por el occidente europeo. Esto nos obliga responder a un enorme desafío: la representación del mundo, la cultura entera, la vinculación de la tradición cristiana a paradigmas del mundo noroccidental, no es lo que corresponden a las culturas y países del Asia Oriental, con excepción quizá de Filipinas. La inmensa mayoría de la humanidad no pertenece a nuestra cultura. Por ahí tenemos que empezar.

En relación con los colegios, el Maestro evocó la figura de Enrique Lacordaire, restaurador de la Orden en Francia en el siglo XIX, que consideraba importante esta labor educativa. La razón de ser de los colegios –decía Lacordaraire– es formar a chicos y chicas demodo que tengan “una opinión”, esto es, un pensamiento fundado y razonado para hacerse cargo de la fe cristiana y del mundo en que habrán de vivir. Tener una fe razonada significa que las convicciones de fe no son meramente privadas, sino que son convicciones públicas que expresan un modo de entender el mundo. Eso hay que razonarlo y dialogarlo.

Una última pregunta versó sobre el Sínodo de la juventud que se tendrá en octubre venidero. Sobre ello, el Maestro formuló un contraste o una disyuntiva: el trabajo con la juventud, ¿es algo que nosotros hacemos para ellos? Porque solemos hablar de mis grupos o nuestros grupos de jóvenes como si fueran nuestra propiedad. ¿Que no será mejor dar confianza a los jóvenes para que tomen sus iniciativas y sean protagonistas de su proyectos?

No qué les decimos nosotros, sino qué dicen ellos y ellas. Otra cosa importante es encender en la juventud fuego de la compasión de Jesús y el deseo de anunciar el evangelio.

Terminamos este intercambio de preguntas y respuestas con el canto de vísperas en el templo, animados y bajo la conducción de nuestras hermanas de vida contemplativa. (Tomado de http://www.op.org/)

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