El cuerpo humano: Espacio Teológico

Leticia Soberón*.- Si miramos alrededor, la mayoría de las personas -incluso los creyentes más sinceros- tienen una visión bastante negativa de su propio cuerpo; no sólo por las exigencias sociales de belleza, sino porque en el fondo le atribuyen la culpa de todos los pecados. Esa cumbre de la creación divina que es el ser humano, se siente incómodo en su propia condición. Un erróneo modo de leer los Evangelios -el maniqueísmo, que no es cristiano, ha provocado enormes disparates teológicos y sobre todo el desasosiego de millones de personas respecto a su radical realidad corporal. Y esto se agrava si se trata de las mujeres, tradicionalmente culpadas del pecado llamado original, y tratadas como objetos más o menos útiles incluso por sí mismas.

Por ello me gustaría traer a la memoria las extraordinarias -y tan olvidadas- catequesis del Papa Juan Pablo II sobre la Teología del cuerpo. De 1979 a 1984 el Papa santo glosó por qué “Desde que el Verbo de Dios se hizo carne, el cuerpo humano entró por la puerta principal en la Teología”. “El cuerpo humano y sólo él es capaz de hacer visible lo invisible: lo espiritual y lo divino”, decía el Papa, suscitando no poco estupor en la Iglesia de entonces. El Papa reivindicó la corresponsabilidad del varón y la mujer tanto en el momento de la desnudez originaria, en que se sabían regalo de Dios el uno para el otro, como en el de la separación que ambos hicieron respecto a Dios mismo por desconfiar de su Amor (“es que él no quiere que seáis inmortales…”). Ambos le creen al Tramposo que Dios les ha engañado. Corresponsables. No Eva culpable y el pobre Adán un acarreado inocente.

El primer efecto de ese pecado de desconfianza hacia Dios es la ruptura de una vivencia profunda de natural comunión entre ellos, y la atribución al cuerpo como origen del pecado y el engaño. Entonces se cubren: sienten miedo, temor de no ser aceptado y aceptada tal como son, por el otro y por Dios mismo. Y empieza la dinámica perversa del dominio-sumisión, de la lucha por el poder sobre el otro, de la tristeza y la melancolía. Pero en esas catequesis el Papa recuerda que “donde abundó el pecado sobreabundó la Gracia”; reivindica la dignidad del cuerpo, la santidad de la relación entre varón y mujer cuando se basa en el respeto y la acogida del otro como “otro yo en la misma humanidad”; la radical llamada de Dios para que vivamos en comunión, que no puede darse más que a partir de nuestra realidad corporal y física. “El cuerpo expresa a la persona”, y “está diseñado para expresar amor”. Amor de muchas formas: fraterno, filial, amical, de pareja. Juan Pablo nos invitaba a arraigarnos en la Redención, en esa maravillosa paz y alegría que da el sentirnos y vivir salvados del pecado y a seguir, “a precio de firmeza” el camino cristiano de entrega fiel y respetuosa a los demás para vivir la comunión de las personas a la que Cristo nos llama. Para eso tenemos, por su gran Amor, el alimento cotidiano de su Cuerpo.

– Artículo publicado en la revista digital Punto de Encuentro (julio 2018), editada por SIGNIS ALC

* Mexicana, psicóloga y experta de comunicación, ex oficial del Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales, para América Latina y actual asesora de la Secretaría de Comunicación de la Santa Sede.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *