Colombia: CELAM prepara celebraciones por 50 años de Medellín

(Saturnino Rodríguez).- No puedo ocultar la satisfacción de preparar esta presentación sobre un acontecimiento tan importante como lo fue la II Conferencia del Episcopado Latinoamericano en Medellín, Colombia hace ya este año 50 años-en el ya mítico año 1968, que inauguró a finales de agosto el papa Pablo VI en el primer viaje que hacía un Papa al continente Americano.

Satisfacción por haberlo vivido directamente en mis “10 años americanos” junto a otras vivencias que me marcaron y que han ha tenido y tienen gran repercusión en el porvenir de la Iglesia latinoamericana y universal y que para mí han supuesto hacer de Colombia mi “segunda patria”.

Medellín: la aplicación para América del Concilio Vaticano II

El Papa Francisco que visitó recientemente Chile y Perú ha repetido en sus intervenciones muchos de las propuestas que hizo hace ahora 50 años en el emblemático año 1968 la II Conferencia del Episcopado Latinoamericano en Medellín, Colombia (CELAM) (26 agosto – 8 sept. 1968) como concreción del Concilio Vaticano II que tanta resonancia y repercusión han tenido en la Iglesia universal. Esta II Conferencia de Medellín fue inaugurada por Pablo VI en el histórico primer viaje de una Papa a América.

Sus Conclusiones el Papa Francisco las recalcaría como uno de los redactores principales intervinientes de la V Conferencia de Aparecida (Brasil ) y en sus intervenciones y viajes y muy recientemente en su viaje (nov 2017) a Colombia, donde se celebró aquella II Conferencia en 1968.

El CELAM prepara la celebración del 50º de Medellín

Para celebrar esos 50 años de la II Conferencia en Medellín, Colombia, el CELAM (Consejo Episcopal Latinoamericano) prepara un Congreso que se celebrará entre el 23 y el 26 de agosto de este año 2018 en el mismo lugar en donde se celebró la II Conferencia, para “conmemorar y proyectar el mensaje de Medellín como un mensaje clave de la Iglesia en el continente con diálogo en la Iglesia universal. Latinoamericana”. El Congreso impulsado por el CELAM cuenta también con el respaldo de la Confederación de Religiosos y religiosas, el Secretariado Latinoamericano y del Caribe de Cáritas, SECLAC y con la propia Arquidiócesis de Medellín.

Anticipándose al 50º aniversario de Medellín, en octubre del año2015 al celebrar el II Congreso Continental de Teología (Belo Horizonte, Brasil), teólogos y teólogas de diversos países latinoamericanos acordaron celebrar un Congreso académico internacional de teología con el título: “Medellín 50 años después: memoria y perspectivas de futuro” .

Y así la Red Amerindia y la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA) de El Salvador celebrarán del 30 de agosto al 2 de septiembre de 2018 en la misma ciudad su III Congreso de Teología en torno al “patrimonio de Medellín” bajo el lema “Los clamores de los pobres y de la Tierra nos interpelan”. Los teólogos latinoamericanos buscan reafirmar la opción por los pobres y “por nuevos modelos de Iglesia más comunitaria, participativa y ‘en salida’ en la línea del papa Francisco. (El I Congreso se celebró en Sao Leopoldo (Brasil) en 2012).

El Concilio fue el antecedente inmediato de Medellín

Si el Concilio Vaticano II (1962-1965) fue una “Primavera de la Iglesia”, Medellín, que fue la “recepción del Concilio en América”, fue el jardín donde iba creciendo. A diferencia de lo sucedido en la I Conferencia del Episcopado (Río de Janeiro 1956) donde la Santa Sede la preparó y realizó en todas sus partes, la II Conferencia, en Medellín sería el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) quien definiría los temas, la mecánica de trabajo y la elección de los conferencistas con la aprobación de la Santa Sede. Los antecedentes inmediatos de la II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano pueden situarse hacia el otoño de 1965 cuando el Concilio Vaticano II estaba a días de clausurarse.

Fue en ese momento cuando Pablo VI reunió a los obispos de la directiva y equipos del CELAM (Consejo Episcopal Latinoamericano) que participaban en el Concilio, con motivo del décimo aniversario de la creación de dicho organismo episcopal. Pablo VI exhortó a los presentes a asumir una visión crítica frente a los problemas que agitaban a América Latina como un requerimiento indispensable para la acción pastoral de la Iglesia en esas regiones.

Sería, pues, en ese ambiente cuando el entonces presidente del CELAM, Manuel Larrain Errázuriz (obispo de Talca, Chile) comenzó a poner en marcha el proyecto que le encomendara el papa Pablo VI, de quien era amigo personal desde los años en que era el cardenal Montini. Amigo también del jesuita Alberto Hurtado a quien haría santo Benedicto XVI, amigo de los más avanzados obispos europeos desde el Concilio, de los “nobeles” Pablo Neruda, Gabriela Mistral, Jacques Maritain, y de Roger Schtz prior de la Comunidad de Taizé.

El obispo chileno Manuel Larraín Errázuriz era un hombre “en salida” como pide hoy para el Iglesia el papa Francisco, un pastor integrante del grupo que se denominó entonces “catolicismo social” que durante el Concilio Vaticano II (1962-1965) formó parte del sector más progresista. Fue uno de los cuarenta obispos firmantes del Pacto de las catacumbas de Domitila (Nov. 1965), encabezado por otra de la figuras señeras del CELAM, el arzobispo brasileño Helder Cámara -postulado cuatro veces al Premio Nobel de la Paz. Pacto por el que se comprometieron a caminar con los pobres asumiendo un estilo de vida sencillo y renunciando a todo símbolo de poder. Decía Dom Helder “Cuando doy comida a los pobres, me llaman santo. Cuando pregunto por qué son pobres, me llaman comunista”.

Tras la reunión ordinaria del CELAM en Mar de Plata (Argentina), en mayo de 1967, se pidió al Vaticano que convocara la Conferencia, sugiriendo al mismo tiempo como sede la ciudad de Medellín. En julio de 1967 se recibió la aprobación y comenzaron los preparativos. Se aprobó también el tema de la misma: “La presencia de la iglesia en la actual transformación de América Latina a la luz del Vaticano II”, tema propuesto por Pablo VI en la reunión con los obispos latinoamericanos en noviembre de 1965. Así, pues la II Conferencia del CELAM sería inaugurada por Pablo VI el 24 de agosto de 1968 y se clausuraría el 6 de septiembre del mismo año.

Las reuniones previas a la II Conferencia de Medellín

Entre las principales reuniones previas del Episcopado Latinoamericano y órganos del CELAM para preparar la II Conferencia destacaron estos Encuentros que tanto influirían en la celebración de II Conferencia de Medellín: En Baños (Ecuador) (junio 1966) sobre temas de educación, laicos y acción social. Mar de Plata (Argentina), en la X Asamblea Ordinario del CELAM sobre desarrollo e integración (octubre 1966). Buga (Colombia),(febrero 1967) en el I Encuentro Latinoamericano de Universidades Católicas, sobre la universidad católica en América Latina. Melgar (Colombia) (abril 1968 en el Encuentro Latinoam. sobre pastoral misionera. Itapoan, Salvador (Brasil), (marzo 1968) con el tema Pastoral Social de la Iglesia y Medellín (Colombia), (11 al 18 agosto 1968, sobre Catequesis.

Las 3 líneas trazadas por Pablo VI en Medellín

El 24 de agosto de 1968 el papa Pablo VI inauguraba en Bogotá la II Conferencia del Episcopado Latinoamericano que se clausuraría el 6 de septiembre y cuyas sesiones de trabajo se celebrarían en el Seminario de Medellín. En su apretura oficial Pablo VI trazaba “tres direcciones” para las tareas: espiritual, pastoral y social que hoy, medio siglo después, contienen muchas preguntas que siguen vigentes y que en varios casos se retoman en la encíclica Evangelii gaudium del Papa Francisco del que se espera un importante mensaje al celebrar los 50 años y cuyo papel fue decisivo – siendo cardenal – en la V Conferencia que presidiría Benedicto XVI en Aparecida (Brasil) (13-31 mayo 2007) en la que el entonces arzobispo de Buenos Aires cardenal Bergoglio tuvo un destacado papel. Resumimos a continuación esas tres líneas que proponía Pablo VI en la inauguración

Estas eran las 3 líneas: 1- Espiritual, señalando que no debemos dedicarnos al apostolado, si no sabemos corroborarlo con el ejemplo de las virtudes cristianas y sacerdotales. 2- Pastoral ya que la Iglesia institucional aparece hoy confrontada con otra llamada carismática, como si la primera fuese la de un cristianismo ya superada, mientras la otra, sería capaz de interpretar el cristianismo para responder a los problemas urgentes y reales de nuestro tiempo. 3- Social favoreciendo todo esfuerzo honesto para promover la renovación y la elevación de los pobres partiendo de la propia sencillez de la Iglesia en sus formas que es un testimonio de fidelidad evangélica como condición, alguna vez imprescindible, para dar crédito a su propia misión.

La metodología empleada en las sesiones de Medellín

La metodología adoptada por la Conferencia de Medellín (1968) corresponde al método “ver-juzgar-actuar” que se remonta al método de “revisión de vida”, surgido en el seno de las propuestas pastorales de la Juventud Obrera Católica (JOC) de la “Acción Católica” ,organización laical de renovación en la Iglesia que fundó en 1920 el sacerdote belga Joseph Cardijn por el compromiso social de la Iglesia católica en los comienzos del siglo y fue nombrado cardenal en 1965. La JOC agrupa aun hoy a los dirigentes obreros católicos en todo el mundo.

Un obispo que presidía la Comisión de trabajo sobre los pobres de la II Conferencia de Medellín en 1968 escribía sobre la misma diciendo que uno de los temas más difíciles fue el de la violencia y la paz. Había en aquella época algunos cristianos que querían justificar la violencia, apoyando las guerrillas, con sentimiento pero sin reflexión teológica. Con mucho acierto Pablo VI habló del asunto, y fue muy claro y muy orientador en sus palabras de inauguración en Bogotá enseñando el camino pacificador que debe tener el cristiano en nuestra realidad, al trabajar por la justicia en espíritu de paz, de reconciliación, como después recogerían las Conclusiones.

Las ponencias durante la II Conferencia de Medellín servirían de guía a las 16 comisiones y subcomisiones encargadas de elaborar las aplicaciones pastorales, cuya división y títulos corresponden fundamentalmente a las Conclusiones del Documento Final. Ponencias que expusieron los siguientes obispos:

I. Los signos de los tiempos en América Latina – MARCOS MC GRATH, obispo de Santiago de Veraguas, Panamá.
II. Interpretación cristiana de los signos de los tiempos hoy en América Latina – EDUARDO F. PIRONIO, Secretario General del CELAM
III. La Iglesia en América Latina y la promoción humana – EUGENIO DE ARAÚJO SALES, Administrador Apostólico, Salvador, Brasil.
IV. La evangelización en América Latina – SAMUEL RUIZ G., obispo de San Cristóbal de las Casas, México.
V. La pastoral de masas y la pastoral de élites – LUIS EDUARDO HENRÍQUEZ, obispo auxiliar de Caracas.
VI. La unidad visible de la Iglesia y la coordinación pastoral – PABLO MUÑOZ VEGA, Arzobispo de Quito
VII. Coordinación Pastoral – LEONIDAS E. PROAÑO, Obispo de Riobamba

Los documentos conclusivos de Medellín

Las Conclusiones de Medellín fueron aprobadas por el Papa Pablo VI siendo el presidente de la CELAM Avelar Brandao Vilela y secretario general Eduardo F. Pironio. Las Conclusiones irían repartidas en 16 documentos, agrupados a su vez en tres grandes secciones:

Promoción humana 1. Justicia 2. La Paz 3. Familia y demografía 4. Educación 5. Juventud

Evangelización y crecimiento de la fe 6. Pastoral popular 7. Pastoral de élites 8. Catequesis 9. Liturgia

La Iglesia visible y sus estructuras 10. Movimientos de laicos 11. Sacerdotes 12. Religiosos 13. La formación del clero 14. La pobreza de la Iglesia 15. Pastoral de conjunto y 16. Medios de comunicación social.

Las Conclusiones de Medellín se enfocan hacia la presencia de la Iglesia para “transformar a América Latina a la luz del Concilio Vaticano II”. La solicitud pastoral recae sobre tres áreas: 1ª- La promoción del hombre y de los pueblos hacia los valores de justicia, paz, educación y familia 2ª La necesidad de evangelización y maduración de la fe a través de la catequesis y liturgia y 3ª Los problemas que giran en torno a toda la comunidad para que sea más fuerte la unidad y la acción pastoral.

Se incorpora de manera especial a los laicos en estas tareas de “promoción humana” teniendo en cuenta como “fuentes” la Biblia y el Magisterio de la Iglesia destacando las encíclicas Gaudium et spes, Populorum progressio, Pacem in terris, Gravissimum educationis, Lumen gentium, Sacrosantum concilium, entre muchas otras. Todo ello forma parte de la Doctrina Social Cristiana cuya tarea es anunciar el Evangelio y denunciar las injusticias con el método de “ver, juzgar y actuar”.

Se trató también de la que denominaron “recepción creativa”, esto es, no se limitó simplemente a ajustar la iglesia de la región a las directrices emanadas del Concilio, sino que también intentó adecuar y enriquecer la recepción desde su propia historia y contexto; a manera de ejemplo tenemos las Comunidades de Base, el planteamiento de la salvación como liberación en la historia, la sacramentalidad de la iglesia desde la pobreza, y su compromiso total con los pobres y marginados. De hecho estas opciones y otros temas como el de la dimensión política de la fe y la relación entre desarrollo y salvación serían por los que Medellín llegaría a ser reconocido y recordado en la posteridad y a partir de las cuales se cosolidaba la “teología de la liberación”.

El mensaje de Medellín sigue vivo en la Iglesia

El teólogo brasileño Leonardo Boff, uno de los propulsores de las “Comunidades de Base” y la “Teología de la Liberación” escribe a los 50 años de Medellín recordando que el mérito de Medellín en el 1968 no fue el histórico sino el kerigmático, es decir lo que representa en términos históricos porque dió a luz a la Iglesia latinoamericana como tal. Sus textos constituyen la “Carta magna” de la Iglesia del Continente y el “acto de fundación” de la Iglesia de América Latina y Caribe a partir y en función de sus pueblos y de sus culturas.

De hecho, hasta Medellín – sigue diciendo Boff – la Iglesia en el Continente era la reproducción del modelo de la Iglesia europea, en su modo de organización, en su problemática teológica y en sus propuestas pastorales. Era una “iglesia-reflejo” no una “iglesia-fuente”. Y por ello precisamente iluminaron a la Iglesia del mundo entero ayudándola en su renovación a la luz del Concilio Vaticano II. Ese es el mensaje vivo a los 50 años de la celebración de la II Conferencia del Episcopado Latinoamericano de Medellín, Colombia.

Medellín a los 50 años

Sin decirlo explícitamente Medellín en 1968 estaba en la base de lo que venía diciendo en esos años la “teología de la liberación” que había alumbrado el teólogo peruano Gustavo Gutiérrez con su libro del mismo título y también en su corriente argentina “teología del pueblo” – más popular y menos crítica – que el jesuita Bergoglio, hoy papa Francisco, conoció de la mano de los teólogos también jesuitas Juan Carlos Scannone y Lucio Gera. Decía Scannone que “la teología del pueblo”, una ramificación de la teología de la liberación, está en la base de lo que está haciendo y diciendo el Papa Francisco”.

Ciertamente la corriente había llegado en casos aislados a extremos que preocupaban a la Iglesia como en Colombia sin ir mas lejos en donde se Iba a celebrar la II Conferencia de Medellín – con la incorporación a la guerrilla del sacerdote Camilo Torres y algún otro caso – que explican que Pablo VI al inaugurar la II Conferencia dijese en una de sus alocuciones: “No pongáis vuestra esperanza en la revolución, apoyad más bien las iniciativas que se tomen en vuestro favor.” Advertencias que de otra forma aparecen en los documentos conclusivos de Medellín.

La “reacción” del sector más integrista

En un continente sacudido por las luchas de liberación, los Documentos aprobados en Medellín no fueron sino el reflejo de una Iglesia que mayoritariamente entendió que la tarea evangelizadora pasaba por una enérgica denuncia de la “violencia institucional”, pero las Conclusiones de Medellín entusiastamente acogidas por la mayoría del episcopado latinoamericano provocaron también el rechazo del sector más conservador o integrista en la Iglesia.

Estas reacciones y temores le llevaron a Juan Pablo II a poner sobre aviso en dos Instrucciones sobre algunos aspectos de la «teología de la liberación» (no condenas como afirmaban) que aunque firmadas (8agosto 1984 y marzo 1986). por el cardenal Ratzinger como cardenal Prefecto de la Doctrina de la Fe y futuro Benedicto XV calificándole de “inquisidor”, en realidad no era sino una leal fiel ejecución del Papa aconsejado por el cardenal colombiano Alfonso López Trujillo.

“Condena” por cierto que posteriormente sería rectificada ante la presión de cardenales y obispos (varios de ellos brasileños)… en el segundo documento y una posterior carta ( 9 abril 1986) de Juan Pablo II en donde expresa a los obispos brasileños que “la teología de la liberación es, no sólo oportuna, sino útil y necesaria”.

Los planes y campañas para erradicar los movimientos “liberacionistas” en la Iglesia (por considerarlos “marxistas”, apuntaban entre otros prelados al Secretario General de la CELAM arzobispo Alfonso López Trujillo que de amigo y próximo a las inquietudes sociales del sacerdote Camilo Torres, colombiano como él y ambos universitarios en Lovaina junto con el iniciador de la “teología de la liberación” el teólogo peruano Gustavo Gutiérrez, llegaría a convertirse – a medida que “crecía” en Roma – en el principal opositor junto a algunas altas jerarquías de esas corrientes de compromiso social.

Las alarmas también tuvieron eco en los círculos políticos, muy especialmente en Washington. Algunos documentos (“Documentos de Santa Fe”) que se han conocido con posterioridad, permiten asegurar que incluso la CIA tomó cartas en el asunto entre 1980 y 1986. El propio Rockefeller llegó a explicar cómo se debía combatir un movimiento de esta naturaleza. El método era apoyar a los obispos “conservadores más civilizados”. Archivos hoy desclasificados por la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos confirman la injerencia norteamericana en el fortalecimiento de las dictaduras de la región en todos estos planes.

Corriente de renovación eclesial que ha producido también numerosos “mártires” especialmente en los años 80 (Los religiosos de Argentina, los jesuitas de la Universidad del Salvador e incluso obispos por el argentino Angelelli, el salvadoreño Oscar Romero (canonizado por el papa Francisco, como muestra.

La reflexión y también la espiritualidad fueron acompañando en esos 50 años desde Medellín sus compromisos con los excluídos sociales y pobres, particularmente tanto en las Comunidades Eclesiales de Base (CEB) animadas por el teólogo franciscano brasileño Leonardo Boff y la “Teología del la liberación” del teólogo peruano Gustavo Gutierrez y su versión “Teología del pueblo” del jesuíta JuanCarlos Scannone seguida por el también jesuita Jorge Bergoglio hoy papa Francisco. En los años 70, 80 y 90 estas corrientes han ido madurando y calando en el pueblo latinoamericano acompañadas también por esos numeroso “mártires” que también los hubo especialmente en los años 80: laicos, sacerdotes y también obispos.

La llegada del papa Francisco y su nuevo estilo de pastoral, ejercido en el clima de la “teología del pueblo” que el vivió con su fundador el también jesuita argentino J.Carlos Scannone, ha supuesto también otro tipo de pontificado más “conciliar” y “en salida” como él suele decir. En ese sentido cabe destacar que prologó el libro escrito por el nuevo cardenal Prefecto de la Doctrina de la Fe Gerard L. Müller junto al fundador e la “Teología de la liberación” Gustavo Gutiérrez a quien conoció como profesor y amigo en sus temporadas en los poblados de Lima.

El libro titulado “Povera per i poveri. La missione della Chiesa” («Pobre para los pobres. La misión de la Iglesia») publicado por Libreria Editrice Vaticana fue presentade el 24 de febrero en la sala san Pío X del Vaticano presidiendo el acto el cardenal Rodríguez Maradiaga -que preside el comitñe de 7 asesores que creó el Papa – y el jesuita padre Lombradi director de la Oficina de Prensa del Vaticano.

Del Papa Francisco se espera un importante mensaje al celebrar los 50 años de la II Conferencia CELAM en Medellín y cuyo papel fue decisivo – siendo entonces cardenal arzobispo de Buenos Aíres Jorge Mario Bergoglio – en la V Conferencia CELAM que presidiría Benedicto XVI en Aparecida (Brasil) (13-31 mayo 2007).

Siendo ya Papa Francisco en su viaje a Brasil (2013) decía: “Si queremos servir desde el CELAM, a nuestra América Latina, lo tenemos que hacer con pasión. Hoy hace falta pasión. Poner el corazón en todo lo que hagamos, pasión de joven enamorado y de anciano sabio, pasión que transforma las ideas en utopías viables, pasión en el trabajo de nuestras manos, pasión que nos convierte en continuos peregrinos en nuestras Iglesias como -permítanme recordarlo- santo Toribio de Mogrovejo, que no se instaló en su sede: de 24 años de episcopado, 18 los pasó entre los pueblos de su diócesis. Hermanos, por favor, les pido pasión, pasión evangelizadora”.

Recordando el Papa Francisco su visita a la sede del CELAM en Bogotá en su reciente viaje a Colombia en noviembre de 2017 repetía lo que ya había señalado en su viaje a Brasil sobre la V Conferencia de Aparecida (Brasil): “Me detuve entonces en las tentaciones, todavía presentes, de la ideologización del mensaje evangélico, del funcionalismo eclesial y del clericalismo, porque está siempre en juego la salvación que nos trae Cristo… No se puede, por tanto, reducir el Evangelio a un programa al servicio de un gnosticismo de moda, a un proyecto de ascenso social o a una concepción de la Iglesia como una burocracia que se autobeneficia, como tampoco esta se puede reducir a una organización dirigida, con modernos criterios empresariales, por una casta clerical”.

Del 27 al 31 de agosto de este 2018 la Universidad de San Buenaventura de Medellín celebrará un encuentro “Luces y sombras a 50 años del Documento de Medellín” bajo el lema “El grito de los pobres: grito por la vida”.

Los organizadores del Encuentro en una carta de invitación y recogida de firmas recordaban al respecto las palabras que el papa Francisco pronunciaba en el Palacio de Nariño en su visita a Colombia (nov 2017), palabras “inspiradoras y motivadoras”: “Por favor, les pido que escuchen a los pobres, a los que sufren. Mírenlos a los ojos y déjense interrogar en todo momento por sus rostros surcados de dolor y sus manos suplicantes. En ellos se aprenden verdaderas lecciones de vida, de humanidad, de dignidad. Porque ellos, que entre cadenas gimen, sí que comprenden las palabras del que murió en la cruz -como dice la letra de vuestro himno nacional-“.

Las cinco Conferencias del CELAM

Las cinco Conferencias, con o sin tensiones en sus deliberaciones, tras la 1ª fundacional de Río de Janeiro, Brasil el año 1955 han sido fieles a la renovación del Concilio Vaticano II y a partir de la 2ª de Medellín, Colombia a su leal aplicación en América Latina.

1ª en Río de Janeiro, Brasil julio 1955. Convocada por Pío XII y orientada por la Santa Sede. Preocupada por fortalecer la fe en América. Lamentaba la urgencia de evangelización en América Latina y la escasez de evangelizadores.

2ª en Medellín, Colombia agosto 1968. Convocada por Pablo VI en el espíritu de “Gaudium et spes” y Populorum progressio” Estudió la renovación cristiana de América Latina a la luz del Concilio.

3ª en Puebla, México enero 1979. Convocada por Juan Pablo I que fallecido presidió Juan Pablo II. Continuadora de Medellín, que pese a los detractores de Medellín que se agrupaban en torno al entonces Ssecretario General del Celam Alfonso López Trujillo lograban hacer de la “opción preferencial por los pobres”, el tema central del la Conferencia insistiendo en la comunión y participación.

4ª en Santo Domingo, Rep. Dominicana octubre 1992. Inaugurada por Juan Pablo II con motivo de la 500° aniversario del “encuentro de dos mundos” para impulsar una nueva evangelización que alentara una más profunda promoción humana y a la configuración de una cultura cristiana. Tampoco faltaron las intentonas contrarias el sector co0nservador.

Y 5ª en Aparecida, Brasil mayo 2007. Convocada por Juan Pablo II, fallecido en 2005 por lo que fue presidida por Benedicto XVI bajo el lema ” Ser Discípulos y Misioneros de Jesucristo, para que los pueblos de Latinoamérica, en Él, tengan Vida”. Resumía los tres principios de la Iglesia latinoamericana con el esquema de “ver, juzgar y actuar».

El Sínodo especial para América en Roma, nov. 1997

El Sínodo América Latina en Roma. Este Sínodo Especial para los obispos de toda América que se celebraría en noviembre de 1997 lo anunció por sorpresa Juan Pablo II en la V Conferencia en Sto. Domingo en octubre 1992 el CELAM lo fue preparando contradiciendo a algunas voces que sospechaban de las intenciones de Roma de controlar la autonomía que en sus Documentos cuando la verdad es que Juan Pablo II tenía pensado celebrar cinco Sínodos Especiales sobre los Cinco Continentes a las puertas del nuevo siglo XXI (África en 1994, América 1997, Oceanía, 1998, Asia y Europa en 1999).

Juan Pablo II propuso como lema del Sínodo Especial para “las dos Américas”: “Encuentro con Jesucristo vivo para la conversión, la comunión y la solidaridad en América”, centralizando la figura de Jesús en la evangelización ofreciendo una salvación íntegra sin reduccionismos. Se celebró en diciembre de 1996 y el 23 de enero de 1999 en su visita a México Juan Pablo II entregaba en la Basílica mexicana de Guadalupe la Exhortación final del Sínodo “Ecclesia in América”.

(Tomado de: periodistadigital.com)

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