Arte en COVID, experiencia y juego

“Soy  Dominica del Santísimo Nombre de Jesús, de Argentina, además de profesora y misionera, soy “arteóloga”, me gusta mucho denominar de este modo a mi pasión por hacer arte y teología, teología y arte.

Me invitaron a compartir cómo vengo transitando este tiempo de Pandemia. Sin dudas es un tiempo muy particular, que nos ha desafiado de múltiples maneras, por la incertidumbre, la enfermedad, las consecuencias sociales y económicas, por el enorme desafío de sostener la continuidad pedagógica de nuestros colegios desde la clara convicción que el estudio es un acto de esperanza, tan necesaria en un contexto así. De igual modo, la urgencia de predicar el Evangelio nos desafío con nuevos lenguajes y nos impulsó a sostener a las personas desde la vivencia de la Iglesia doméstica, ya que en mi país aún no podemos convocarnos para celebrar nuestra fe en los templos.

Durante la semana mi escritorio y mi computadora estuvieron poblados de cientos de rostros y discernimientos, pero los fines de semana, busqué el espacio necesario de quietud y silencio para expresarme desde el arte. Como una danza de interioridad y exterioridad, he incursionado en diversos materiales y trabajos en los que fui expresando lo que este tiempo me suscitaba. Ocupé revistas y papeles de colores para plasmar el rostro de Jesús, cargando nuestra cruz y así en silencio transité el viernes santo, poniendo en cada trozo muchas vidas destrozadas.

Reutilicé y reciclé corchos, que hacía bastante tiempo venía juntando, para hacer un panel para avisos y así darles una nueva utilidad, quizás en un deseo de encontrar un modo de ordenar y acomodar, ya que este año todo parecía cancelarse, postergarse o transformarse en sus modos.

También estuve restaurando una antigua Virgen del Rosario de una amiga. Recuperé su vestimenta en lo que era posible y le hice un manto nuevo. Me detuve mucho en el trabajo cuidadoso de los rostros, tanto de la Madre como del Niño, deseando el encuentro vivo con muchos rostros. Así quedó ella como símbolo de encuentro y de anhelo, sabiendo que acompañé con mi oración y seguirá acompañando la oración de otras personas. Pequeña y hermosa compañera.

Por último me sumergí en el desafío de armar un mosaico, con piedras que había traído de Jerusalén, los panes y los peces signo de la abundancia del Reino, adornarán nuestro futuro sagrario. Me hizo pensar en tantas pantallas como un gran rompecabezas en las que me encontré con mis alumnos y en las que nuestros docentes acompañaron a niños y jóvenes, y en las que nos encontramos como comunidad educativa en muchos equipos de discernimiento y también como Congregación. Cada pequeño acto, cada pequeño gesto, puede ser una parte de una gran obra, algún día la veremos en su conjunto, se trata de no estar solos, sino de compartir y construir comunidad. Así dimos de comer y de beber a quienes estaban sedientos de sentido, hambrientos de verdad y hambrientos de pan desde la solidaridad.

Regalé una bandera a la comunidad educativa con sus rostros haciendo patria, haciendo historia, para el aniversario de nuestra independencia, un poco de arte digital en medio de tanta virtualidad.

Como expresa Gadamer, “el arte es juego… ya que posee una esencia propia, independiente de la conciencia de los que juegan”[1]. Es así que estuve jugando, con materiales, con sentidos, con vivencias para transformar este tiempo extraño en tiempo contemplado y compartido”.

Hna. Valeria Nougués op

Santiago del Estero, Argentina

 

[1] Gadamer, Hans Georg, Verdad y método I, Sígueme, Salamanca 1997, 145.

Un comentario sobre “Arte en COVID, experiencia y juego

  • el julio 14, 2020 a las 8:04 pm
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    Me encanta que hermoso trabajo me encanto !!! Felicidades hermana .

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